La niña de los fósforos, triste cuento sobre la otra cara de la Navidad

¿Alguna vez han leído un cuento, un cuento de esos llamados infantiles? ¿O han oído hablar de la sirenita, el patito feo o el soldadito de plomo? Seguramente si y mas porque la maligna compañía Disney ha sacado sus versiones animadas muy diluidas.

Pues bien, esos y muchos mas cuentos clásicos han sido creados por un escritor danés,  Hans Christian Andersen, uno de los grandes de la literatura universal.

Hans escribió más de ciento ochenta cuentos, dedicados a los niños, a los cuales apreciaba y trataba de dar consejos para la vida por medio de moralejas. Muchos de ellos son ahora conocidos por todos y contados una y otra vez por generaciones.

Sin embargo, pocos han leído sus obra originales. Y los que lo han hecho, se han dado cuenta de que sus historias no son bonitas del todo. Teñidas de tragedia, sus cuentos son tristes y casi desoladores, los héroes y heroínas de sus cuentos sufren, ya sea por su destino o por sus propias acciones.

La sirenita, por ejemplo, hizo un trato con la bruja del mar, quien le corta la legua a cambio de tener piernas. Al beber cierto brebaje, sus cola se partió en dos con enorme dolor y cada vez que sus nuevos pies se posaban en tierra, sentía el tormento de caminar sobre agujas, sangrando constantemente ¿Y todo para que, para que le príncipe solo la viera como una especie de mascota y se acabara casando con su prometida? Al final, la sirenita desilusionada se suicida hundiéndose en el mar.

El patito feo sufría terribles y despiadadas injusticias y maltratos, pero por lo menos se convirtió en un cisne al final.

Los zapatos rojos es otro cuento terrible. Una niña pobre recibe de regalo por caridad unos zapatos rojos, sin embargo, fue tanta su vanidad que los zapatos cobraron vida y la hacían danzar sin parar como castigo. ¿Cuál fue la solución? Pedirle al verdugo que le cortara los pies. Y aun si, los zapatos la seguían persiguiendo ¿Así o mas ojete?

Así es, no es que Hans fuera maloso, si no que le toco vivir una vida y época mala. Una época de hambre y miseria y un enorme fanatismo religioso. El escritor trataba de dar lecciones morales a los niños, no para aterrorizarlos, sino para que la pensaran bien antes de cometer el mal. Es por eso que sus cuentos tienen una fuerte raigambre religiosa y es por eso que el pecado siempre es castigado.

Hace poco me tope con un corto animado de Disney llamado “La niña de los fósforos” el cual me trajo recuerdos de mi niñez.

Cuando era niño, cada Navidad pasaban una animación japonesa de la compañía Toei, con ese cuento. Y les confieso que siempre me hacia llorar (¡Ey, no rían, estaba en edad de preescolar!)

¿De que se trata el cuanto? Ahorita de les doy el resumen, pero antes les daré algunos datos para su mejor compresión.

Hans vivió en una espantosa pobreza cuando era niño y vio muchas cosas terribles mientras crecía, Salio del hoyo gracias a su inteligencia, que le ayudo a conseguir estudios gracias a personas generosas. Sin embargo, esto lo marco de por vida y siempre simpatizo con las clases menos privilegiadas. Emparentado con la obra de Víctor Hugo y Mark Twin, en su obra refleja la dura vida de los pobres.

En esa época se vendían los fosfores en la calle, generalmente por gente de pocos recursos. No es como ahora, que se venden en las tiendas y existen los encendedores de gas y las estufas eléctricas. Antes las cerillas se fabricaban de manera artesanal y se vendían a los transeúntes.

El cuento nos narra la triste historia de una pobre niña que es obligada a vender cerillos durante una nevada, la noche previa a la celebración de la Navidad. La pequeña, hambrienta y aterida por el frío no podía volver a su casa, pues debido al tiempo y falta de clientes no había vendido nada y no podía regresar sin dinero a su casa, porque su padre la golpearía. A través de las ventanas de las casa, podía ver a las demás familias comiendo y celebrando, mientras ella moría de hambre. Al final se refugia entre el hueco que hacían dos casas y para calentarse enciende un fósforo, este, además de calor, le hace tener una calida visión de una mesa llena de manjares, que no puede probar, pues al terminarse la cerilla, acaba la visión. Otra cerilla la hace contemplar a un árbol de Navidad lleno de regalos, los cuales no puede alcanzar.

En el cielo ve una estrella caer. Recuerda a su abuela, la única persona en el mundo que la quiso y trato bien, fallecida hace tiempo, la cual le contó que cuando un astro cae, es porque alguien esta muriendo.

Enciende otro cerillo y aparece su amada abuela,  pero esta también sé desvanece con la luz de la llama. Así que enciende todos los fósforos pidiéndole a su abuela que la lleve a donde ella esta. Aparece de nuevo la abuela y ambas parten hacia el Paraiso.

Al otro día, encuentra a la niña sonriendo, bajo la nieve, pero es inútil ayudarla. Había muerto congelada.

Este cuento es uno de los más crudos del buen Andersen, el cual se inspiro en su madre, que igual padeció hambre y frío. Como verán, es bastante deprimente pero hermoso.  No se si el autor sabia que la hipotermia causaba alucionaciones en su fase final, pero utiliza ese recurso bien.En su agonia, la anonima niña alucino con las cosas que nunca tuvo y con la unica persona que extrañaba antes de morir. En su época, a muchos les rompió el corazón y aun lo sigue haciendo, pues sigue siendo actual. Imaginarse a la pobre niña forzada a trabajar para mantener a su holgazán padre bajo condiciones extremas, hambrienta y sin ropa apropiada, que muere en el olvido, recordando un tiempo en que era feliz, miranda la premonición  de su propia muerte -“cuando una estrella cae, alguien muere”- es algo que en muchos países del mundo se sigue repitiendo una y otra vez. Hay cosas que no cambian, que son omnipresentes y una de esas es la miseria.

Como les había contado, de niño veía la caricatura basada en el cuento y siempre se me apachurraba el corazón de pollo al ver la historia de una pobre niña, golpeada y maltratada por un alcohólico y vago padre, siempre con hambre y frío, despreciada por los demás niños y humillada constantemente por los ciudadanos de la ciudad y que contaba con un único amigo, llamado Hans y apellidado Andersen, que moría el final durante una tormenta de nieve me parecía terriblemente triste y me hacia saltar las lagrimas.

De esa historia se han realizado múltiples versiones. Recientemente, la compañía  Disney sorprendió al realizar un corto animado ayudado por Pixar. Y digo que sorprendió porque la protagonista al final muere, algo imposible de pensar en la compañía del ratón. Este corto esta muy bien realizado, logra capturar la esencia y la tristeza del cuento, apoyado en el melancólico lamento de unos chelos.

Para ver le corto de Disney, denle click aqui

Para bajarlo, denle click aqui

Aqui podran ver otra version animada

Aqui pueden descargarla

Para ver una version en cine mudo del  cuento, aqui

Para bajarlo, aqui

A continuación les dejo en cuanto tal como es, para que lo lean y lo mediten.

LA NIÑA DE LOS FOSFOROS

¡Qué frío hacía!; nevaba y comenzaba a oscurecer; era la última noche del año, la noche de San Silvestre. Bajo aquel frío y en aquella oscuridad, pasaba por la calle una pobre niña, descalza y con la cabeza descubierta. Verdad es que al salir de su casa llevaba zapatillas, pero, ¡de qué le sirvieron! Eran unas zapatillas que su madre había llevado últimamente, y a la pequeña le venían tan grandes, que las perdió al cruzar corriendo la calle para librarse de dos coches que venían a toda velocidad. Una de las zapatillas no hubo medio de encontrarla, y la otra se la había puesto un mozalbete, que dijo que la haría servir de cuna el día que tuviese hijos.

Y así la pobrecilla andaba descalza con los desnudos piececitos completamente amoratados por el frío. En un viejo delantal llevaba un puñado de fósforos, y un paquete en una mano. En todo el santo día nadie le había comprado nada, ni le había dado un mísero chelín; volvíase a su casa hambrienta y medio helada, ¡y parecía tan abatida, la pobrecilla! Los copos de nieve caían sobre su largo cabello rubio, cuyos hermosos rizos le cubrían el cuello; pero no estaba ella para presumir.

 

En un ángulo que formaban dos casas -una más saliente que la otra-, se sentó en el suelo y se acurrucó hecha un ovillo. Encogía los piececitos todo lo posible, pero el frío la iba invadiendo, y, por otra parte, no se atrevía a volver a casa, pues no había vendido ni un fósforo, ni recogido un triste céntimo. Su padre le pegaría, además de que en casa hacía frío también; sólo los cobijaba el tejado, y el viento entraba por todas partes, pese a la paja y los trapos con que habían procurado tapar las rendijas. Tenía las manitas casi ateridas de frío. ¡Ay, un fósforo la aliviaría seguramente! ¡Si se atreviese a sacar uno solo del manojo, frotarlo contra la pared y calentarse los dedos! Y sacó uno: «¡ritch!». ¡Cómo chispeó y cómo quemaba! Dio una llama clara, cálida, como una lucecita, cuando la resguardó con la mano; una luz maravillosa.

Le pareció a la pequeñuela que estaba sentada junto a una gran estufa de hierro, con pies y campana de latón; el fuego ardía magníficamente en su interior, ¡y calentaba tan bien! La niña alargó los pies para calentárselos a su vez, pero se extinguió la llama, se esfumó la estufa, y ella se quedó sentada, con el resto de la consumida cerilla en la mano.

Encendió otra, que, al arder y proyectar su luz sobre la pared, volvió a ésta transparente como si fuese de gasa, y la niña pudo ver el interior de una habitación donde estaba la mesa puesta, cubierta con un blanquísimo mantel y fina porcelana. Un pato asado humeaba deliciosamente, relleno de ciruelas y manzanas. Y lo mejor del caso fue que el pato saltó fuera de la fuente y, anadeando por el suelo con un tenedor y un cuchillo a la espalda, se dirigió hacia la pobre muchachita. Pero en aquel momento se apagó el fósforo, dejando visible tan sólo la gruesa y fría pared.

Encendió la niña una tercera cerilla, y se encontró sentada debajo de un hermosísimo árbol de Navidad. Era aún más alto y más bonito que el que viera la última Nochebuena, a través de la puerta de cristales, en casa del rico comerciante. Millares de velitas, ardían en las ramas verdes, y de éstas colgaban pintadas estampas, semejantes a las que adornaban los escaparates. La pequeña levantó los dos bracitos… y entonces se apagó el fósforo. Todas las lucecitas se remontaron a lo alto, y ella se dio cuenta de que eran las rutilantes estrellas del cielo; una de ellas se desprendió y trazó en el firmamento una larga estela de fuego.

«Alguien se está muriendo» -pensó la niña, pues su abuela, la única persona que la había querido, pero que estaba muerta ya, le había dicho-: Cuando una estrella cae, un alma se eleva hacia Dios.

Frotó una nueva cerilla contra la pared; se iluminó el espacio inmediato, y apareció la anciana abuelita, radiante, dulce y cariñosa.

-¡Abuelita! -exclamó la pequeña-. ¡Llévame, contigo! Sé que te irás también cuando se apague el fósforo, del mismo modo que se fueron la estufa, el asado y el árbol de Navidad. Se apresuró a encender los fósforos que le quedaban, afanosa de no perder a su abuela; y los fósforos brillaron con luz más clara que la del pleno día.

Nunca la abuelita había sido tan alta y tan hermosa; tomó a la niña en el brazo y, envueltas las dos en un gran resplandor, henchidas de gozo, emprendieron el vuelo hacia las alturas, sin que la pequeña sintiera ya frío, hambre ni miedo. Estaban en la mansión de Dios Nuestro Señor.

Pero en el ángulo de la casa, la fría madrugada descubrió a la chiquilla, rojas las mejillas, y la boca sonriente… Muerta, muerta de frío en la última noche del Año Viejo. La primera mañana del Nuevo Año iluminó el pequeño cadáver, sentado, con sus fósforos, un paquetito de los cuales aparecía consumido casi del todo. «¡Quiso calentarse!», dijo la gente. Pero nadie supo las maravillas que había visto, ni el esplendor con que, en compañía de su anciana abuelita, había subido a la gloria del Año Nuevo.

¿Cuántas niñas de los fósforos hay en el mundo? ¿Cuántos infantes mueren de hambre y de frío? ¿Cuántas veces hemos mirado con desprecio a niños de la calle? ¿Cuántas veces pasamos encima de ellos? Sere un ojete, como muchos dicen, pero hasta yo se que ellos no tienen la culpa, que son arrojados a este mundo de mierda por sus propios padres. Ahora, la niña de las cerillas esta ahí, en los rincones mas oscuros y sucios de la ciudad, ya no necesita el calor de unos fósforos para tener visiones de un lugar mejor, ahora inhala solvente y pegamento. Ahora ya no ofrece fósforos a los transeúntes; ahora vende su propio cuerpo. Para ella la Navidad no existe, no espera con anhelo los regalos. Solo espera estar viva otro día. O morir en el sueño, para no volver a despertar.

Tiranetas, alégrense de tener un techo sobre sus cabezas, cuando muchos ni eso tienen.

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5 responses to “La niña de los fósforos, triste cuento sobre la otra cara de la Navidad”

  1. Frings says :

    wow…me quedé perplejo con la reflexión final, pero lamentablemente esta es la realidad de este maldito mundo

    q pase una feliz navidad, Lord Tiranetas.

    • miriam angelica says :

      q triste es todo esto yo algunaves me pondre en su lugar de los niños y doi gracias adios q estoi viva resandole que los niños tengan un twecho dode vivir

  2. your ass says :

    increible, muy muy muy buena reflexion, te luciste papa, con esta entrada y en un dia muy apropiado, en el que todos andamos en la tragadera, sin tomar conciencia de lo afortunados que somos de tener un plato de comida hoy

    feliz navidad lord tiranetas

  3. Ivandez says :

    Cuando era niño ese cuento siempre me hacia llorar y mas cuando lo veia en caricatura :oops:

  4. la ñeris says :

    la verdad yo creo que en vez de que un politico un presidente o lo que tenga dinero para poder manejar al mundo como quieran, deberia de haber esa persona o mas bien todos deberiamos ver que hay personas que necesitan un hogar, alimento o tan solo una moneda para sobrevivir.
    pero claro lo unico que pensamos son el las malditas guerras y matarnos unos alos otros.
    agamos algo por los niños de las calles y no tan solo por ellos si no por los que mas lo necesitan.

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